Y me encontré, justo allí donde me había perdido…

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Y me encontré, justo allí donde me había perdido…
Pfff… (suspiro) el tema de la familia, es decir, de nuestras familias, en específico, de mi familia, es un tema vulnerable, ya que en cierta forma (o en mucha) es desvelar y compartir de lo más íntimo de mí, sin embargo, hoy con toda libertad y seguridad de haber tomado la decisión, quiero hacerlo, esperando que mi historia pueda servir de algo a quien la lee. Mi familia consiste en un sistema jerárquico de matriarcado, en donde las mujeres mandan y asumen las responsabilidades de proveedoras en el hogar, mi padre fue alcohólico (no sé si aún lo sea) no viví ni conviví con él, lo conocí a los 14 años pero fue una de las peores experiencias que he tenido, debido a su agresión y manipulación. Fui criado con mi tía Lupe más que con mi mamá (DEP), etc., nuestros límites son mixtos: difusos, flexibles y rígidos, tienen una singular rareza, somos flexibles hacia el exterior e inflexibles en el in interior, desde allí, aprendí a aprobar a otros, incluso a justificarlos, a ayudarlos, pero a exigirme demasiado a mí mismo, a no permitirme sentir, sí, así tal cual se lee: SENTIR, en especial cuando descubría que alguien podría hacerme sentir amado, a experienciar (palabra que aprendí de mi amado Maestro y Terapeuta Rubén A. Ibarra), a cerrarme al cariño, a que el otro venga y me quiera mostrar afecto, es más, llevo casi toda mi vida soltero, ni cuando he tenido pareja (o intentado hacerlo) me he considerado con pareja (o en pareja), he hecho todo para auto sabotear mis relaciones de pareja, me pongo el pie a mí mismo y no me quería dar cuenta que yo mismo hacía todo para que la otra persona se fuera, para que me dejara, era como ir preparando el terreno para que la otra persona se pudiera ir o tuviera las razones suficientes para hacerlo, sí, así hacía anteriormente, al grado de llegar a pensar que era necesario justificar y comprender que la otra persona se fuera, culpándome por lo que había sucedido, ¡por Dios!, ahora que lo escribo y lo leo, incluso, lo releo, cuánto masoquismo, es decir, yo intentaba tener pareja, luego disponía todo para que poco a poco me dejaran y después me culpaba por todo lo anterior, ¡qué impresión¡, hasta dónde puede llegar el sistema familiar y sus lealtades invisibles (aquellas de las que no somos conscientes, hasta que nos damos cuenta podemos descubrirlas) ah y ojo, ¿eh?, no se trata tampoco de responsabilizar a mi familia por las cosas que hago y dejo de hacer, por lo menos, ahora en los procesos de terapia que he vivido, me doy la oportunidad de trabajar a profundidad todo esto y de hacerme consciente para poder hacer funcional aquello que sólo me hacía daño. Creía guardar sólo una lealtad invisible a mi mamá que después de que ella fallece, descubro en terapia, que también era hacia mi hermano y por eso no me permito vivirme en pareja, de hecho, somos 17 primos hermanos, bueno, éramos 18, Oscar falleció, y de los 17 que ahora somos, 6 tienen pareja y los demás estamos solteros ya desde hace un rato. Resulta que descubro en terapia que dicha lealtad invisible no sólo era hacia ellos, era hacia mi papá, sí, así como lo lees, hacia mi papá que nunca estuvo, que no se hizo responsable, que se fue, aún con todo eso mi lealtad hacia él era muy fuerte, descubrirlo en terapia fue igual a uno de los “darme cuenta” que considero más importantes en mi vida, cuando lo descubrí todo mi cuerpo se estremeció, se me enchinó la piel, se me revolvió el estómago y las ganas de vomitar fueron inevitables, es más, era necesario hacerlo, lloré como hace mucho no lo hacía, me acompañaban mis dos maestras y terapeutas (Midory y Myriam) y mi otro sistema, mi grupo del Diplomado en Abordaje Psicoterapéutico Sistémico-Humanista, en un instante, aunque sentía que el mismo suelo se hundía al darme cuenta que, como decía Rubén, a mayor ausencia mayor presencia, estaba manteniendo (aguantando, cargando y soportando) una lealtad a mi papá que no me dejaba crecer, avanzar, ser pleno, y en mi proceso de terapia, cuando tomo la firme decisión de dejar de estar cargando con todo esto, que hasta mi propio cuerpo me reclamaba en forma de dolor físico en la columna y muchas otras cosas, cuando rompo con todo éste lastre, me encuentro conmigo mismo, con mi propia libertad, con una profunda paz que llenaba y me hacía sentir interconectado conmigo mismo.

Yo alguna vez dije ésta frase que se me viene ahora mismo a la mente: “Y me encontré, justo allí donde me dejé, en donde me había perdido, fui por mí, me tomé de la mano, me dije aquí estoy y seguí adelante”, así me sentí, justo así, sentí que me encontré que (y con lágrimas en los ojos ahora lo digo y lleno de satisfacción a la vez) sentí que me estaba dando la oportunidad de ser yo a través de mí mismo y no de lo que los demás esperan de mí, siendo lo más cercano posible a mi autenticidad.
En mi familia justificamos mucho hacia los de fuera, somos muy amables con los externos y nos damos en la madre (y en el padre) con los de dentro, tenemos relaciones hiper sobre involucradas, así es mi relación con mi hermano y con todos mis primos, secreteamos, decimos que no pasa nada cuando nos está llevando la chingada, y aguantamos, eso, así exacto, ése es el punto, aguantamos, y así, de ésa forma aprendí a aguantar, y aguantarme las cosas e incluso a tragarme emociones, sensaciones, sentimientos, que ahora me están costando un huevo y la mitad del otro (o ambos) poder trabajar.

Desde que falleció mi mamá la familia perdió una figura muy importante de autoridad y unidad, antes de ella… y ésa es otra parte de mi propia historia que compartiré contigo más adelante, gracias por leerme desde donde estés, nadie está solo mientras se permita estar consigo mismo.

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