Sin ella

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Desde pequeña imaginé muchos panoramas del cómo sería una tragedia en mi vida. La diferencia entre aquella niña y lo que hoy expreso como adulta en estas líneas es que esa pequeña no lograba comprender que el dolor no es un cuento con final feliz como lo concebía muchos años atrás y ello sin duda dejó lecciones en mi vivir.

En esa imaginación no consideré la muerte de un ser querido, que con la realidad ni siquiera me acercaría a un mundo de sensaciones, situaciones, y mucho menos visualice que ese ser amado sería mi madre. Desde la llegada de la noticia de su enfermedad, han sido aprendizajes con tristeza y llanto, paso en segundos la película de perderla, del que haré sin ella, de los miles de por qué, el que más eco hacia en mí cabeza fue hacia mi Dios del por qué así, en la forma en que ella se tendría que vivir, con tanto dolor, en ese reclamo estaba mi frustración de ver a la mujer que amo en una cama y no poder hacer nada, de negar la situación al tocar su mano deseando que fuera el juego que inventaba de niña o un mal sueño..

En esta realidad me toca vivirme con ella, acompañarla en esta experiencia, solo que mi temor lo veo reflejado cuando la contemplo dormida, y mis apegos se hacen presentes, ya no tener su sonrisa, ya no tener su voz, ya no tener sus caricias, ya no sentir su presencia y con esto sentirme protegida.

Hoy por fin puedo decir que aplico la frase vive como si fuera el último día, pues con ella literal cada despertar es así y lo incierto que será, días donde no come, días donde la luz de sus ojos ya no muestran más que cansancio y al preguntarle sólo me dice me dormiré, mi madre es la mujer más silenciosa que he conocido en mi mundo familiar nuclear, con ella cualquier emoción se convertía en enojo, y cuando dialogábamos su respuesta era solo así puedo ser, al principio esa respuesta la tomaba como algo inválido, porque quería que ella se moviera a cómo yo en la psicoterapia me he venido asumiendo y descubriendo, tiempo después dije así es mi madre y le agradezco que a sus posibilidades me de respuesta y con amor, y es el derecho de ella a vivirse así y con ello el no mostrarse vulnerable y lo sigue haciendo pues aunque su cuerpo denote dolor ella lo niega, más escucho en su dormitar tenues quejidos de dolor y mi llanto aparece con recuerdos de ella estando con vitalidad y haciendo sus actividades, entre ello la cocina uno de los placeres de mi madre y con los que nos muestra amor, cuidado y atención.

Probablemente para cada persona el proceso sea distinto en el cómo lo vive o que posturas eligen, más estoy segura que nos une el dolor ante situaciones inesperadas como una enfermedad, una muerte y el miedo a vivirnos de forma distinta de lo que implica que ya no estén en forma física, a aceptar que partieron y es su derecho a no seguir en el caso de una enfermedad, algunos de mis amigos me dicen es su batalla Ale a ti solo te toca estar para ella, me cuesta ese estar para ella, porque de repente siento que no tengo energía ni para mi, y esa energía la invierto en lo siguiente que me hace recordar las palabras de mi amado Rubén “la gente cree que le duele la partida del otro y no es así, es que no sabemos lidiar con el dolor de nosotros mismos, he ahí la clave de la palabra DUELO, no es me duele, es me duelo o sea es mi dolor de mi mismo”.

Tanta razón es precisamente lo que me sucede, no se que hacer con mi dolor y es otro de mis problemas aprendido de mi familia, no tengo que saber todo para solucionar y eso solo se dará integrando y dejándola ir con amor y no aferrándome a no tenerla más.Esta es mi experiencia con ella la mujer que me define en muchos aspectos de mi vida, que me ha dado tantas experiencias de amor, pasión, lucha, alegría y la mujer que hoy también me muestra la tristeza, el llanto, el enojo ante el dolor que juntas nos toca vivir en momentos y formas distintas ella con su enfermedad y yo con lo que percibo de esa enfermedad y mis demonios internos.

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Tanta razón es precisamente lo que me sucede, no se que hacer con mi dolor y es otro de mis problemas aprendido de mi familia, no tengo que saber todo para solucionar y eso solo se dará integrando y dejándola ir con amor y no aferrándome a no tenerla más.

Esta es mi experiencia con ella la mujer que me define en muchos aspectos de mi vida, que me ha dado tantas experiencias de amor, pasión, lucha, alegría y la mujer que hoy también me muestra la tristeza, el llanto, el enojo ante el dolor que juntas nos toca vivir en momentos y formas distintas ella con su enfermedad y yo con lo que percibo de esa enfermedad y mis demonios internos.

 

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