Sentado en el laberinto

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Por: Psict. Alejandro Catalán Alarcón

Parece ser que cuando me canso es cuando me detengo. ¿Acaso necesito el cansancio para parar? Sí. Me he dado cuenta de que esto ocurre cuando salgo fuera de mí. Me pregunto ¿Dónde estoy? Porque no logro escuchar mis sensaciones.  Por lo tanto, no encuentro con exactitud la identificación de mis impresiones. Todo es como un rollo de una película, comienzo a notar que cosas o situaciones se desarrollan a mi alrededor; pero sólo soy un espectador, como en una sala de cine, sé que debería actuar, pero en torno a mi sólo veo, no defino si debo interactuar y al mismo tiempo pienso que nuevamente estoy interrumpiendo mi proceso de crecimiento.

Es como si un yo pudiera verme desde lo alto, me observo, aquí estoy; deteniendo todo este mundo de pensamientos que parecen un torbellino que me envuelven sin darme cuenta. De pronto, como si ese gran remolino se detuviera entiendo que es momento de sentir, que debo dejar fluir lo que llevo dentro, al fin y al cabo, para algo es que logro SENTIR, no importa que sienta como si miles de orificios horadaran mi cuerpo, y que por esos agujeros la energía se fugue, buena y mala vibra, sé que todo esto traerá como un efecto dominó agotamiento, tan fuerte que se apropiará de mí con una tremenda confusión; claro, ¡También es válido estar confundido!

Mi sentido de orientación me traiciona, me encuentro en medio de un laberinto – de esos de los que usualmente no se logra salir – son tantas las cosas, las relaciones, y saben, es más complicado cuando de relaciones familiares se trata. Les comparto que desde muy pequeño me otorgaron (como si fuera un premio) el título de solucionador de problemas familiares ajenos; ¿Les da risa? Créanme que así fue, resolver lo que mis progenitores tenían que desembrollar, pero ellos me lo atribuían a mí, dándome responsabilidades que para mi edad ni me correspondían.

Sabía aun a mi corta edad que a ellos le atañía enseñarme cómo entender la vida, pero no, ellos no querían responsabilidad o no querían salir de otros laberintos y me nombraron:

 Rescatista Consumado.

Así que me fui convirtiendo en un adulto pequeño y cuando adulto me sentía como niño. Me tomé tan en serio la encomienda que me convertí en el solucionador más efectivo de mi espacio. Sé que se preguntarán cómo lo hacía, claro que les compartiré, era como si trajera a cuestas una mochila mágica, cada vez que se presentaba un llamado de auxilio yo de inmediato resolvía la vida de los demás, si existían pleitos y alguien se separaba entonces sacaba mi pegamento y ¡pum!, lo volvía a unir, hacía que hablaran los que se habían retirado la palabra; busqué reconciliaciones, intervine en tantos y tantos casos… creo que hasta ya me volví a cansar de contárselos. Y es que créanme que sí es cansado, desgastante; así que hoy por hoy decido no hacer nada. Mi derecho a elegir lo fui comprendiendo más tarde, por tal razón elegí vivir mi vida y no vivir las de los demás, elegí no andar resolviendo lo que no me correspondía, pero sobre todas las cosas dejar de estar cumpliendo expectativas que los otros me habían impuesto.

http://vamiha.comAsí que ahora que me veo sentado en un laberinto entiendo que cuando el ánimo decae todo llega de manera abrumadora. Recordar mi pasado, tratar de asimilar fallecimientos de seres humanos que marcaron mi vida, pensar en la confusión de emociones, los problemas económicos que sé todos vivimos pero que también sé son tan difíciles de confrontar porque, aunque uno se esfuerce todos los días las cosas siempre suben y suben de precio; así que todo llega de golpe, como una avalancha.

¿Quién de ustedes no se ha sentido perdido?, ¿Quién no se ha preguntado por dónde empezar? Respiro profundamente y les comparto lo que hago, primero trato de buscar el orden buscando perfección y ¿qué creen? Escucho una voz tenue que me dice que haga todo perfecto, que sea un ser ordenado y de pronto identifico que esa voz es la de mi abuela y cuando reacciono inmediatamente me digo: ¡Hey, esto no es tuyo, es de ella, tú no puedes hacer lo que otros consideren correcto! Así que veo en la imperfección la oportunidad perfecta para encontrar un camino a hacer las cosas con serenidad, paciencia y sabiduría.

Tengan en cuenta que siempre tendremos de una u otra forma caos interno, porque el caos existe en la vida y no se puede controlar, sucede. Entonces, para qué controlar, tenemos derecho de vivir en el caos, siempre y cuando tengamos presente que no podemos permanecer sentados siempre.

He entendido que es bueno estar conmigo, y del mismo modo comprendo cómo es que los demás deciden compartir a mi lado. Ya en otras ocasiones he batallado por salir y buscar aceptación, pero termino cansado, lastimado y herido… así que hoy solo decido sentarme por un momento. Me permito ver cómo desfilan mis seres queridos de su lecho de muerte para retirarse de este mundo material y agradezco su existencia y por supuesto que les guardo de forma amorosa; observo las problemáticas familiares y dejo que todo fluya. Me recuerdo que cargar con algo ajeno es cansado, agotador y estresante. Hoy simplemente quiero sentarme en medio del laberinto, a veces es sano tan solo abrir los ojos y sentir.

http://vamiha.comSolo el silencio me acompaña, y es tan buen compañero porque no hace ruido, me deja oírme, o espera a que yo teclee la computadora. Creo que así él sabe que sigo vivo y con deseos de salir del laberinto. Me enseña con su compañía que no puedo ignorar todo, pero que de ese todo no puedo hacerme cargo yo. Me susurra despacito que debo seguir en el aprendizaje, me ayuda a afinar mis sentidos y me anima a levantarme, al fin y al cabo, estar sentado en el laberinto no es una desidia, es un momento de reflexión personal.

 

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