Rompiendo las cadenas

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Cierro los ojos. Veo a un adolescente con rostro de dolor, culpas, tristezas, enojo, odio, miedo. He aprendido que cuando se presentan todos estos rasgos al mismo tiempo lo están acompañando  la confusión y múltiples silencios. Ha acumulado tanto que no sabe qué hacer; es más, ni cuenta se da de que este mundo plagado de sentimientos lo carcomen, sí, se quedó atrapado.

Sus pensamientos comienzan a provocarlo, como si fueran vocecitas escondidas en su cabeza, no las puede ver, pero sí puede escucharlas. Le dicen que es mejor dejar de sentir, anestesiar lo que duele, lo que inquieta, morir. Abro los ojos. Cuando esto le sucede a un joven varios pensamientos se van conformando, cree que quienes le rodean no le otorgan importancia. – No le importo a nadie, nadie me ama. Sólo ve el caos dentro del propio caos. Todo se ha convertido en un laberinto.

Debo comentarles que esa situación no sólo la vive el adolescente, por desfortuna puede ser un adulto, un anciano, un hombre, una mujer, un esposo, una esposa , un hijo, una hija, un amigo, una amiga, un primo, una prima, un tío, una tía, un vecino, una vecina, o incluso tú que me estás leyendo. Quizá  en ese momento se piense que se ha perdido todo, tanto que el cuerpo se ha quedado sin energía, se observa cómo pasa la existencia y se pregunta ¿Qué hago con esto que llaman  VIDA?

Cuando fui adolescente pensé en el suicido, debo compartirles que lo intenté tres veces; la primera vez con pastillas ( no logré acabar conmigo ) la segunda vez intenté cortarme las venas ( afortunadamente en ese momento mi Abuela llegó a casa y lo evitó ) y la tercera vez me aventé de un puente ( sí, literal, sólo que  en ese preciso momento un anciano me detuvo. Aún no sé si he tenido suerte o  si fue un ángel o fue Dios… Mi vida en ese entonces se veía atormentada por una persona que jamás volví a ver; cuando quise acabar con todo mi padre me había golpeado hasta cansarse, le había hecho daño a mi madre y yo ya estaba cansado; esa situación se repetía continuamente una y otra vez. Por esa razón  yo, en lo único que pensaba era en dejar de existir.

Ahora me doy cuenta que la misma existencia nos da lecciones, y cuando esta persona mayor me detuvo al querer yo suicidarme me dijo: -No lo hagas. Me tomó de la camisa con todas sus fuerzas y me abrazó. Y ahí junto a su pecho lloré y lloré hasta cansarme, me sentí como un niño pequeño que no paraba de llorar. Mi padre llegó y lo único que le dijo ese anciano a mi Padre fue – Tenga más cuidado con su hijo. Luego se alejó. Nunca supe de él.

Los suicidios  cobran altos costos a nuestra sociedad.  Es  la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad; investigaciones recientes nos indican que por cada adulto que logró quitarse la vida, es muy posible que otras veinte personas intenten suicidarse. Sin embargo, al no llevar un acompañamiento especializado, al no lograr liberar y comprender toda esa maraña de pensamientos negativos, emociones o sentimientos atrapados, de no liberar el dolor, también me iba suicidando lentamente. Hoy puedo entenderlo.

Si aún sigues leyendo, te invito a hacer el siguiente ejercicio después de que concluyas esta lectura:

https://vamiha.comCierra los ojos,  respira profundamente, haz conciencia de ti, ubícate en este momento y piensa que el color negro necesita existir para dar vida al color blanco y que todo momento es un instante. Nada es absoluto. Todo cambia. En mi vida, en tu vida, en nuestra vida. Te comparto que para que yo exista  ha sido necesaria la oscuridad,  no niego que he tenido pánico en algún momento de la vida, pero,  nada puede existir sin sus opuestos, ambos se necesitan, sin destrucción  no hay construcción, sin destrucción no podemos tener nuevas formas.

Cuando he podido lograr la conexión conmigo y me he permitido SER, he sentido la plenitud; pero cuando me vivo fuera de mí viene el caos. Pero no me preocupo, sino me ocupo, porque cuando vuelvo a sentirme  mi conciencia se amplía y es el momento ideal para seguir trascendiendo. A final de cuentas díganme ¿Quién no se ha perdido de sí mismo? ¿Quién no ha pensado en morir cuando no sabe qué hacer con el dolor o con todo esa caja de emociones que a veces no sabemos manejar?

Una y otra vez me seguiré extraviando, la gran  ventaja es que ahora activo la búsqueda conmigo mismo, intento todo hasta lograr mi encuentro, y para ello me imagino siendo una taza necesita vaciarse para volver a llenarse, sí, ahora de la bebida más deliciosa de mi SER. Porque he descubierto que solo yo soy dueño de mí, que el único responsable de mi propia vida soy yo y por lo tanto tengo la capacidad y la sabiduría para y elegir cómo vivirme haciéndome responsable de mis elecciones, y esto incluye mis propias emociones.

¿Qué es lo que quiero para mí ahora? ¿Quiero vaciarme? ¿Qué quiero vaciar? ¿Cómo me llené de esto que no quiero? ¿Quiero llenarme? ¿De qué? ¿Cómo quiero hacerlo? ¿Para qué? Entiendo, yo simplemente quiero abrazar mi SER, vivirme en mi esencia, en mi libertad. Vivir no es fácil, pero debo arriesgarme, enfrentarme a momentos desagradables y agradables; es necesario dejar que los sucesos ocurran, sin aférrame a que  las cosas sucedan, menos como yo quiero que sucedan, porque si me aferro a ello, es ahí donde darán comienzo mis conflictos internos, y esos demonios o pensamientos catastróficos otra vez tendrán vida para apoderarse de mí, mejor he decidido darme la oportunidad de aprender para crecer, para trascender, para sentir mi propia libertad.

 

 

 

 

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