Preparación psicológica para intercambistas y familias receptoras

Existen psicólogos que no estudiaron psicología y ayudan mas.

Las experiencias internacionales son oportunidades muy valiosas de crecimiento para quien puede permitírselas y para quien decide tomarlas, no sólo ayudan a sumar puntos en el currículum sino también ayudan a fortalecer el sentimiento de autosuficiencia de la persona que se expone a nuevos entornos. No obstante, esta oportunidad de crecimiento no siempre resulta en un crecimiento para todos los actores del evento, en este texto me ocuparé de los intercambios en los cuales un menor de edad (18 años) viaja a un país en donde es recibido por una familia que también ha enviado un chico del mismo rango de edad.

Hace unos días revisaba una prueba psicológica como parte de una materia del posgrado que estudio actualmente. Dicha prueba se encarga de medir las aptitudes de una persona para estar en una situación en la cual otra persona dependa en mayor o menor grado de ella para resolver sus necesidades y propiciar su crecimiento. Esta prueba está pensada principalmente para ser aplicada a adultos que se postulan como candidatos para adoptar a un menor e integrarlo a sus vidas y también se puede aplicar en general a las profesiones como el trabajo social y las ciencias de la salud. Cuando revisé este punto caí en la cuenta de que la situación de la familia que recibe a un intercambista es muy parecida a este proceso de adopción y sin embargo no se encuentra tan cuidado psicológica y legalmente para realizarse.

Un poco de experiencia

No hablo desde la mera suposición, en mi familia también vivimos un proceso de intercambio en el cual un miembro de la familia salió y nosotros recibimos en momentos diferentes a muchachos de Canadá y de Tailandia. Habiendo pasado algunos años de aquella experiencia, con una licenciatura en psicología y una maestría en psicoterapia en proceso puedo decir sin miedo a equivocarme que integrar a un miembro al sistema familiar no es cualquier cosa y no debería ser tomado como tal. Además, hay que añadir al análisis que estamos hablando de personas en pleno proceso de desarrollo y construcción de su identidad personal que provienen de otras culturas lo cual también añade características particulares a la integración del nuevo miembro al sistema familiar. Otro punto que es preciso comentar es que en promedio estos intercambios duran aproximadamente un año y cada intercambista suele pasar por varios hogares durante ese tiempo, por lo que estamos hablando de varios procesos de integración en un periodo muy reducido.

Al realizar una breve investigación respecto a gente que ha vivido este tipo de intercambios  me he topado con la sorprendente y preocupante sorpresa de que tanto para la persona que sale como para la familia que recibe a un nuevo miembro no existe un proceso de acompañamiento con base psicológica, ya no digamos psicoterapéutica, que cuide de todo lo que se ha mencionado anteriormente. Es verdad que las organizaciones que realizan estos intercambios acompañan a las familias y realizan un proceso de selección de candidatos al intercambio, no obstante este acompañamiento y proceso de selección no va más allá de su experiencia con las familias receptoras y los intercambistas, que cabe mencionar que no es poca, no obstante recalco la necesidad de un saber psicológico para poder hacer un acompañamiento pertinente. También es verdad que los jóvenes intercambistas cuentan con un asesor en cualquiera que sea su destino sin embargo nuevamente el asesor puede tener una base desde la psicología, o desde la psiquiatría o bien no tener nada que ver o no tener idea de salud mental y procesos adaptativos y del desarrollo del ser humano. Por lo anterior podemos deducir que la experiencia anteriormente descrita deja a merced de sus propios recursos de adaptación y afrontamiento tanto a familias como a jóvenes intercambistas.

¿Por qué es importante?

http://vamiha.comInvariablemente, un cambio de la magnitud que representa un intercambio o una experiencia internacional producirá estrés tanto en la persona que llega a un nuevo entorno como en el grupo de personas que reciben a una persona de otra cultura. Actualmente sabemos que una situación estresante puede detonar diversos problemas de salud en el individuo que pueden ir desde problemas gástricos hasta trastornos mentales. Por lo tanto, una experiencia de este tipo cuyo objetivo es el desarrollo pleno del individuo debería contemplar si una persona tiene las capacidades y aptitudes mínimas necesarias para que el intercambio rinda frutos y no le perjudique a la persona. Dicha contemplación tendría que estar realizada desde la persona que viaja y desde la familia que recibe pues en el proceso de adaptación influyen las características de la persona que llega a integrarse y las características del sistema familiar que recibe. ¿Cuántas experiencias internacionales han detonado patologías físicas o mentales? ¿Cuántas familias e intercambistas se han sentido frustrados por no haber podido promover una integración positiva? ¿Podemos culpar al intercambista o a la familia receptora de no contar con las capacidades para realizar un intercambio satisfactorio? ¿Qué pasaría si las familias contaran con una asesoría terapéutica de tipo familiar para integrar al nuevo miembro? ¿Qué pasaría si se le diera al intercambista una preparación psicológica antes de su intercambio?

¿Los locos no tienen derecho a las experiencias internacionales?

Hasta ahora este texto puede sonar muy normativo y casi prohibir este tipo de experiencias a los individuos o familias que no cuentan con las características psicológicas necesarias sin embargo la realidad es que el número de individuos y familias para los cuales este tipo de experiencias pudieran estar descartadas casi al cien por ciento es muy reducido. De momento podríamos decir que aquellos sistemas familiares o individuos que presentan patologías graves quedarían categóricamente excluidos de la posibilidad del intercambio, en seguida podríamos encontrar un nivel en el cual encontramos a individuos y familias que no presentan desajustes graves pero cuyas características seguramente harán de la experiencia algo insatisfactorio y que el estrés derivado de ello podría generar problemas más graves. A continuación encontraríamos a personas y familias que no presentan disfunciones significativas y con capacidades psicológicas de alto nivel, en las cuales el intercambio puede proporcionar frutos que apoyen o enriquezcan el desarrollo de todos.

La propuesta

http://vamiha.comEn un escenario ideal, se tendría que realizar una evaluación rigurosa tanto de individuos como de sistemas familiares para llegar a conclusiones que sean útiles para todos. La evaluación del individuo tendría que realizarse en su país de origen por las implicaciones que tiene la cultura en la valoración psicológica y dicha evaluación sería enviada a un especialista en salud mental en el lugar de recepción que pueda estar informado de las características culturales o contextuales del individuo que se recibirá. Sería muy recomendable que la persona que sale de su país haya empezado un proceso psicoterapéutico de apoyo antes de su viaje para construir una alianza terapéutica y de forma periódica realizar sesiones de seguimiento por medio de video-llamadas. En el caso de las familias, una vez realizada la valoración, en caso de ser necesario se recomendaría terapia familiar para reducir factores de riesgo y fortalecer los factores protectores, dicho proceso terapéutico tendría que suceder antes de la recepción y estar influido por la información de un reporte psicológico de quien se integra al sistema que sería enviado por un especialista en salud mental del lugar de origen del sujeto.

Opciones realistas

Aunque la propuesta realizada en este texto pueda sonar muy bien, también se entiende que es difícil que exista la estructura que propicie o soporte todas sus características. Entonces, ¿Qué se puede hacer? Lo que sí se puede hacer es lo siguiente:

  1. Si alguien en tu familia va a realizar una experiencia internacional conviene que se le realice una valoración psicológica general y que se le comente al especialista en salud mental del proceso que está por vivir y explícitamente se le pida su opinión respecto a las consecuencias de dicha experiencia.
  2. Asegurarte de que la persona que va a viajar pueda contar con un terapeuta a quien pueda contactar por video-llamada.
  3. Si en tu familia se va a recibir a alguien que proviene de otro país, conviene solicitar a un terapeuta familiar que realice una valoración del sistema familiar para proporcionar consejo.
  4. Si la valoración tanto personal como individual no resulta favorecedora para una experiencia de este tipo será mejor posponer, hacer un proceso terapéutico y farmacológico si es necesario. En todo caso, es preferible dejar pasar una experiencia de este tipo a realizarla y que la persona y la familia sufran el intercambio en vez de que lo disfruten y les ayude a crecer.

 

Nota

El objetivo de este texto no es atacar a las organizaciones que tienen programas de experiencias internacionales. Más bien, la finalidad es poner de relieve el carácter preventivo en salud mental que en cualquier momento se debería contemplar para realizar estos programas. No todas las organizaciones que lo realizan carecen de este sistema sin embargo también es imperante reconocer que aunque haya las que lo realicen y las que no, no es recomendable dejar en manos de alguien más la responsabilidad de la salud.
Please follow and like us:
error
  Subscribe  
Notify of