Mi vida.

 

Mi vida.

Por: Jorge A. C. Neria.

“La muerte es más universal que la vida,

porque todo mundo puede morir pero no todos viven”.

 

La experiencia de la vida es única, y tú y yo, también lo somos, dice el libro de “El esclavo” de Anand Dílvar que el mejor regalo que le damos a la existencia es nuestra individualidad. De pronto es muy escuchada ésa frase de: "tú eres único, tú eres única, pero, ¿qué significa esto?, ¿realmente creo y vivo sabiéndome un ser único?.

Tener la cualidad de ser único, es saber y reconocer, es decir, hacer consciencia de que no hay nadie igual a mí, lo cuál, a la inversa quiere decir: que yo no soy igual a nadie. Esto podría sonar muy trillado, aunque el punto aquí es: qué tanto lo aplico conmigo en mi día a día, en mi vida que es un eterno presente.

Yo puedo decidir vivir mi vida en un eterno presente o un eterno pasado, incluso, futuro, pero el pasado sólo me lleva a la angustia, a la preocupación que no me permite avanzar, el pasado debería servir, sólo para revisar qué he hecho, qué no he hecho y darme la oportunidad de hacerlo, vivirlo, lograrlo. Vivir en un eterno futuro, es vivir en la misma preocupación, aunque no de lo ocurrido, sino de lo que podría ser o no, de lo que podría pasar o no, y sinceramente, aún no acontece, y esto no quiere decir que no podamos soñar, planear, imaginar, sino, que no nos quedemos allí, que vivamos con la cabeza en el cielo y con los pies en el suelo, es decir, con la gran capacidad que tenemos de crear y lo hagamos, lo traduzcamos en actos concretos diarios, instante a instante.

Que nadie sea igual a mí, regresando a este punto, significa, entre otras muchas cosas, que nadie vive mi vida por mí, nadie siente por mí, nadie piensa por mí, nadie hace por mí lo que a mí atañe, lo que yo quiero y necesito. Saber esto a consciencia me hace tomar responsabilidad de mí mismo, ojo, no me hace culpable, hay mucha diferencia entre culpa y responsabilidad, la culpa aplasta, atormenta me hace decrecer, la responsabilidad, por otra parte, me impulsa, me ayuda a avanzar, a crecer, a ser una persona con una mejor versión de mí mismo y de mis posibilidades.

Tener consciencia que nadie siente por mí y nadie hace por mí, me tiene que ayudar a reconocer que nadie amará por mí, y nadie abrazará a través de mis brazos, si yo lo quiero, necesito tomar mi propia responsabilidad de ir y decir aquello que aún cayo, de expresar los “te amo” que aún me guardo, de ir a dar los abrazos que se han quedado atorados en mi cuerpo y que hasta hacen que mis brazos duelan por no permitirme ir y hacia aquella persona que quiero abrazar, o quizá, yo mismo no me permito que el otro venga y me abrace, de cierta forma también, esto último, me hace irresponsable conmigo mismo, de hecho, no nada más éso, si no, que me hace mi propio verdugo, no permitirme el cariño de otros es también dejar de vivir, es matarme a mí mismo, es matar la oportunidad de que alguien más me dé cariño, y esto, también es dejar de vivir.

Es necesario que deje de postergar aquellas cosas que aún no termino, para empezar, tengo que comenzar tomando la firme decisión de amarme de una vez y para siempre, también tengo que darme la oportunidad de disfrutar mi vida y hacerlo al máximo, no importa lo que esté pasando, ya que esto, también, pasará, por lo tanto, darme la oportunidad de vivirlo es lo mejor que puedo hacer por mí mismo, es importante, a su vez, que vaya y por fin tome los cafés que aún están pendientes con mis amistades o familiares, ir al cine, viajar, o simplemente, tomar consciencia de mi propia respiración y llenar mis pulmones inhalando y exhalando con gratitud por la oportunidad de vivir, y hacerlo lo más auténticamente posible, porque me lo merezco, porque soy yo, porque soy único, porque mi vida es hoy, es ahora mismo, es en éste momento, suelto el rencor, el resentimiento, el pasado, no me aferro al futuro, vivo mi presente, vivo mi hoy y lo vivo intensamente porque ésta es mi vida y nadie la vivirá por mí.

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