Los terapeutas también lloran

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Todo comenzó con un mensaje de texto que decía: “Amor se me fue mi madre… es todo lo que diré, lo siento, necesitaba escribírtelo y estaré ausente”, traducción de sus palabras: Mi madre murió, en ése preciso momento sentí que mi tiempo se detuvo, y comenzaba a querer congelar mi mundo de sensaciones, a frenar todo un mundo de recuerdos que en mis células, en mi historia, han estado presentes porque son parte de mi existencia, de mis experiencias vividas.

Respiré profundamente, y me dije, en otros momentos de tu vida has hecho lo mismo congelarte y bloquear, es momento de dejar que fluya, que exista esa libertad sin jugar, sin enjuiciar, no siendo de cartón, simplemente reconociéndote como un ser humano.

Miré mi  reloj, y me marcaba el tiempo las 2:00 pm, mi corazón lo escuché palpitar, sentí cómo en mis ojos se asomó la tristeza, diciéndome me duele no estar cerca  de ella  para abrazarla físicamente y de forma amorosa darle un poco de consuelo, protegerla de algo que yo no tengo el poder de evitar, quería con mis manos detener esa nueva ruptura de su corazón o decirle que al  caer ese pedazo de su corazón con un abrazo, desde mi alma, yo aquí estoy para ti.

http://vamiha.comY así sintiéndome, haciendo consciencia del mundo de mis emociones, comencé a buscar soluciones para emprender el viaje a kilómetros de distancia que nos separaba físicamente, el punto era ir hacia ella, porque sabía claramente que me estaba necesitando.  Emprendí el  viaje y fui hacia ella, acompañado de personas muy especiales en mi vida, que también les dolía su dolor. Durante el transcurso del viaje, sentía enormes distancias, fue uno de los viajes que no le veía final como si cada vez las carreteras te hicieran más y más largas, pues mi necesidad era ya querer estar con ella.

Ella, mi mejor amiga, mi confidente, mi pareja como solemos decirnos, y como muchos así nos ven, siempre está dispuesta a estar conmigo en momentos agradables y  difíciles que  me han tocado  enfrentar.

¡Sí, soy terapeuta y también me duele el dolor de las personas que amo, también lloro cuando veo sus lágrimas escurrir ante transiciones dolorosas en sus vidas, lloro cuando veo que a los que amo se les rompe en diversos pedazos su corazón ante situaciones dolorosas que estén enfrentado, lloro con ellos porque nos vincula esa palabra tan hermosa llamada AMOR!

Así como en este momento al estar escribiendo mis lágrimas escurren, ¡sí, me estoy sintiendo! Y sentirme implica ser consciente de mi mundo de sensaciones, de mi mundo de sentimientos, agradables y desagradables, dolorosos y placenteros.

Al llegar a ella la encuentro abrazando el ataúd y su dolor, su cansancio plasmado en su rosto, sus lágrimas escurrir de ese tipo de dolor que no podemos evitar, la abracé con la fuerza de mi alma, con todo el amor posible que de mí se desprendiera hacia ella, y con mi silencio y mis lágrimas comencé acompañarla.  Durante toda la noche, o bueno, lo que restaba de la noche, allí estuve para ella. Sabía que, al día siguiente, despedir un ser amado, se sentiría que nuestro corazón se destroza en mil pedazos, bueno yo así lo he sentido en aquellos momentos en que despido fiscalmente a los que ya se me han ido.

Y al llegar ese momento con mis lágrimas la acompañé, con mi mirada, con mis abrazos, con mi presencia y con mi tristeza presente en mi mundo de sensaciones corporales, sabía que mi cuerpo estaba hablando simplemente lo dejé.  Y aquí estoy en mi tristeza, sintiendo cómo me duele el dolor de las personas que amo y acompañándola desde mi Ser, aquí estoy, sintiéndome, viviéndome.

 

 

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