La psicología no es como la pintan.

He aprendido que la madurez se alcanza en muchas cosas, golpes, caídas, decepciones, lágrimas, aciertos, satisfacciones, resolución de problemas, pérdidas, salir del vacío, volver a llenarlo, y si, también el juego y la risa para mi es parte de ello.

Mucho se habla de nuestro actuar en la vida, de todas aquellas actitudes que aprendemos  y desarrollamos, estableciendo primero lo que nuestro núcleo familiar nos marca, después de lo que “debemos ser” ante la sociedad, llegando hasta los limites de lo que elegimos como profesión.

Y ante esto me surge esta duda: ¿cómo debe “comportarse un psicólogo?

Actualmente  tengo  un empleo con la responsabilidad no solo de enseñarle a jóvenes los conocimientos básicos de su carrera como psicólogos sino también ( así lo considero) de aprender a disfrutar de su formación.

Y sin duda la imagen que se han formado de un psicólogo o psicoterapeuta es la que justamente se ha vendido mucho en telenovelas y programas mediocres, lecturas sin fundamentos y una monografía con un colega de bata blanca y diván arreglado dispuesto a  sentarse a escucharte.

Mentiría si les dijera que no me veía igual o peor que algunos de ellos, visualizando la psicología como un proceso de aconsejar a las personas el como DEBEN vivir su vida.

Sin embargo a lo largo de mi experiencia como terapeuta me di cuenta que algo no concordaba con el ideal que yo tenia sobre la vida y constantemente me preguntaba: ¿Es verdad que debo actuar de tal o cual manera por ser o para ser una profesionista exitosa?

¿Será que debo empezar a ser un ejemplo de fortaleza emocional para que mis allegados confíen?

¿Será que tengo que portar esa bata para que mis pacientes se sientan seguros de  acudir a mi?

¿Será verdad que después de ejercer algunos años debes comportarte de manera seria y llegar a limitar tu ser creativo en el proceso?

Afortunadamente viviría  dos etapas en mi vida que dieron respuesta a eso.

Primero el trabajo con niños preescolares. Eso no estaba en mis planes; los niños pueden ser muy demandantes, se necesita mucha paciencia y determinación para estar cuidando de ellos, si; en verdad es un trabajo duro y de gran responsabilidad; más el trabajo no se compara con la recompensa obtenida de cada una de las experiencias vividas con ellos.

En ese andar comprendí que los niños actúan sin pretensiones, aman sin condición, te hacen ver tus errores de una manera tal vez directa y dolorosa pero sin engaños, los niños juegan y ponen sobre la mesa su creatividad para resolver un problema de la mejor manera, son inocentes y claman por lo que es justo, no usan filtros, pero tampoco juzgan por algo de tan poco valor como los adultos.

Y en realidad eso me sirvió para entender que de vez en cuándo podemos aprender de ellos y ver la vida así, como niños, sin odios, sin prejuicios, dispuestos a tener los brazos abiertos para los que nos hagan bien y hacer el bien para aquellos que nos dañen. Ser creativos e inundar cualquier cuarto con la presencia de la emoción y sanación de las risas y el juego. Disfrazarse para obtener una sonrisa real y mediante ese disfraz quitarme las máscaras. Ahí aprendí a reír, a disfrutar, a soñar y a jugar siendo adulta

La  otra etapa importante en mi vida para darle respuesta a esas preguntas, fue mi formación como psicoterapeuta humanista.

La poca visión que tenía no solo de mi misma sino de mi carrera se expandió por completo, me di cuenta de cuan erróneo era mi andar hasta ese entonces.

No voy a decir que era tan diferente a como soy ahora, la diferencia es que en mi presente me disfruto como soy, acepto el como quiero ser y me percaté de que lo que implicaba ser  psicóloga no dependía de un traje o una mirada externa hacia mi persona sino en como vivir la vida y la madurez profesional que eso pudo brindarme.

Hoy entiendo la importancia de mi existencia, e intento manejar mi vida y mi profesión no en el “deber ser”  sino en el “querer ser”; hoy sé que puedo andar en bata blanca, de traje, de gala, casual, y hasta con el cabello azul y eso no limita mis posibilidades de ser profesional ni mucho menos demuestra lo mejor o peor persona que puedo llegar a ser aunque algunos lo cuestionen.

Y entonces al decidir  dar clases, me encuentro a jóvenes que aún con la incertidumbre quieren ejercer esta profesión. Si, futuros psicólogos que buscan desesperadamente a algo que los convenza de la vocación que ellos dicen tener.

Y es aquí donde retomo la importancia de renovar  la visión que se tiene del psicólogo, pues aún rondan estos miedos e ideas al respecto en la mente de algunos de mis estudiantes.

http://vamiha.com-Maestra, ¿Es cierto que si soy sensible no puedo ser psicólogo?, ¿Debo cubrir mis tatuajes para dar una asesoría? ¿si soy gay no puedo trabajar en psicología laboral?, mi familia dice que no seré un buen psicólogo porque yo no soy “normal” -

(Si tan solo supiera que para algunos genios ese salirse de la “normalidad” es justamente lo que los ha hecho exitosos)

Y entre todos, una alumna de  recién ingreso, después de que propuse una dinámica de integración para  empezar con temas generales y aclarar sus dudas respecto a la carrera, me dijo:

-¿No le parece esto ridículo?¿No le parece que estas actividades son muy infantiles? ¿No le parece muy inmaduro estar jugando y riendo en horas de clase?

En ese momento solo le aclaré que todo tenia un objetivo y posteriormente les indicaría la funcionalidad del ejercicio y que por supuesto estaba en todo su derecho de  no querer participar.   Pero eso me estuvo dando vueltas en la cabeza toda la tarde, lo comenté con algunos colegas, amigos y familia llegando a la siguiente conclusión:

No. No me parece ridículo porque el ejercicio cumplió un objetivo, no me parece ridículo que los demás alumnos liberaran la tensión de los primeros días de  clase y favoreciera su salud mental y no, no me parece ridículo que los alumnos lograran confiar en mi y esto sirva de apertura al trabajo en clase.

Si, probablemente la actividad fue infantil, aunque eso es subjetivo pero como dije antes debemos  darnos un respiro y retomar estas actividades que como niños hemos olvidado. ¿o no?

Y…. ¿Quién dice que reír y jugar es inmaduro?

He aprendido que la madurez se alcanza en muchas cosas, golpes, caídas, decepciones, lágrimas, aciertos, satisfacciones, resolución de problemas, pérdidas, salir del vacío, volver a llenarlo, y si,  también el juego y la risa para mi es parte de ello. Pobre de  quien crea que ser maduro solo es poner cara de seriedad y amargura ante la vida.

Y al fin y al cabo esta soy yo, esta es mi forma de enseñar, y de compartir lo que yo se, creo que yo nunca he sido, soy ni seré una maestra/psicóloga/psicoterapeuta “normal”.

Así que en fin… me doy cuenta que tengo una labor enorme, que es un reto el trabajo no solo con ella sino con otros tantos alumnos que al final de cuentas traen a las aulas lo que la experiencia les ha dejado.

¿Y saben que? Acepto el reto con gusto, teniendo siempre presente las palabras de mi Sensei Rubén “no seas dura con ellos que nadie lo fue contigo; apenas están en el cascarón” y así espero no solo  transformar esos miedos y esa visión de esta profesión que tanto me encanta, sino también crecer  juntos en este camino, acompañarlos en su aprendizaje  y dejar que la locura, el juego, el conocimiento, la creatividad, la libertad, la risa y el  amor nos acompañen.

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