Extendió sus alas y se fue volando

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 Gracias por tu amor, gracias por tus palabras, gracias por existir, gracias por tu sabiduría, gracias por elegirme como tu nieto.

 Gracias por tu totalidad, tu luz y tu sombra.

 

Cierro los ojos y comienzo a mirar a mi interior, ese espacio al que muchos de nosotros los psicólogos llamamos introspección. Se abre el baúl de los recuerdos, la vida se me presenta como un constante flujo, y me digo ¡que rápido ha trascurrido el tiempo! Han pasado ya 7 años de que tu misión terminó aquí en la tierra, sé que nunca dejaré de pensarte y extrañarte, mucho menos dejaré amarte. Sé que aquel día en que diste tu ultimo respiro postrada en la cama, sentí el dolor más fuerte, recuerdo que mi corazón se hacía pedazos, fue como si entrara una enorme espada con un filo muy sutil cortando pedazos de mí. Recuerdo tus últimas palabras, me pediste que me hincara, me explicaste que tu tarea ya había terminado y que tenías que irte, me diste tu bendición, me dijiste que me amabas mucho y que me agradecías por haber sido tu nieto, por tener la oportunidad de conocerme. Escribo estas palabras y me hago consciente de mi cuerpo, escucho los latidos de mi corazón como símbolo de que aquí están guardadas esas frases que retumban en su más alta vibración.

En su momento creí que mi dolor sobre tu pérdida sería eterno, pues todo esto me llevo a contactar con mis sentimientos más profundos y darme cuenta del desconocimiento de no saber cómo manejarlos. Muchos me decían siento tu dolor, aun cuando ni yo sabía la dimensión de la intensidad de éste; sabía que dolía pero no entendía cómo otras me decían ya no llores, y  juro que mi necesidad solo era llorar, otras con sus palabras me decían: todo va estar bien, y yo sabiendo que en ese momento nada estaba bien.

Sí, las etapas del duelo se hicieron presentes, mi enojo con la vida, porque yo decía me quitaste lo valioso de mí, mi abuela que durante 18 años tuvo el papel de Madre para conmigo, cuando veía tu recámara vacía venía la negación, esto es un sueño, no es verdad, ella va a regresar, solo es una pesadilla que estoy viviendo, esto no puede estar sucediendo, esa resistencia a ver mi realidad se manifestaba, el dolor  y la tristeza se presentaban de diversas formas, llanto a cada momento o una necesidad de dormir para caer en un profundo sueño, una parte de mi estaba muriendo. En todo este proceso se manifestaban las culpas, porque muchas veces pedías verme y la mayoría de las veces te decía no puedo visitarte porque estoy saturado de trabajo, no tengo espacio, ahora no.

Con el paso del tiempo descubro que lo que más me dolía era no saber qué hacer con el dolor, y que en el dolor había culpas y emociones que no estaban fluyendo, que las estaba atrapando, que no estaba dispuesto a liberarte, a soltarte, me aferraba a tu existencia, le prestaba más atención a mi dolor y comencé a vivirme en ello transformándolo en sufrimiento  como una forma de castigo por las culpas acumuladas, cerrando mi cuarto, cerrando las cortinas, con la luz siempre apagada, siempre presente el no quiero vivir, alterando mi alimentación, hasta aproximarme al  punto de caer en una depresión, cerrándome totalmente.

Sin embargo la magia llegó cuando comencé a trabajar en mi mundo interno, a reconstruirme a través de mis piezas rotas, a liberar mis culpas,  a contactar con cada una de mis emociones de forma consciente, a darme cuenta cómo me estaba viviendo con toda esta maraña de impresiones, a recibir amorosamente el tiempo que me regalaste, a asumir mi responsabilidad de mi propia existencia, a capitalizar todo el mundo de aprendizajes, a recobrar mi propia identidad, a permitirme vivir, a sentir, vibrar nuevamente en el amor.

Si me aferro mi crecimiento se estanca, se endurece, se congela, si me hago responsable de mi existencia, de mis emociones, de mis decisiones evoluciono y  descubro cada vez más los diversos caminos para ir hacia donde yo elija.

No niego que su muerte me entristece, pero también me llena de alegría haberte conocido en mi existencia, ahora simplemente desde mi corazón la abrazo con amor, siendo consciente de que su final llegó, y que cuando yo dejé de aferrarme y castigarme ella con valentía extendió sus alas y se fue volando, y yo, yo comencé a renacer.

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