Esta también soy yo

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Soy la tercera hija en una familia de cinco: Dos hermanos y mis padres dedicados al hogar desde diferentes haceres y saberes. Mi madre consagrada a la educación y cosas de su casa; mi padre en el proveer, sobre todo a nuestro bienestar escolar y manutención, lo necesario para nuestro desarrollo más material que emocional. No recuerdo la infancia de mis hermanos pues nací diez años después que el mayor y ocho después que el menor, pero sí puedo hablar de la mía, de lo que me ha costado romper mis barreras emocionales, y créanme que hasta la fecha enfrento muchas de ellas; por ejemplo la expectativa que mis padres tenían de mí era diferente a lo que yo iba formando, así que  el hacerme responsable de lo que yo iba construyendo en torno a mis relaciones con mi mundo familiar, fue y ha sido un reto asumir que con la única que tengo que estar satisfecha por cada elección es conmigo misma.

Mis padres nos mostraban el disfrute por hacer las cosas del trabajo, cuidados y atención para la casa y las personas que amamos, sobre todo mi madre que era la que todo el día estaba con nosotros, ocupada de nuestras necesidades y en sus posibilidades hacia lo mejor para nosotros, sin embargo, en cuanto a las sensaciones o emociones ambos – padre y madre- no sabían cómo lidiar con las suyas; sobre todo con el dolor o la tristeza, pues las convertían en enojo.

https://vamiha.comAsí, yo fui aprendiendo a disfrazar mi mundo, a mostrar –pero sobre todo a mostrarme- que todo era perfecto, pensaba que tenía unos padres y un techo donde vivir, entonces yo no podía pedir más, y a comparación de otras personas que padecían de lo que yo tenía me vi impuesta a convertir procesos de dolor en sufrimiento y los momentos de goce los transformé en culpa. No fue fácil desenmarañar esas palabras en mi mente y en mi cuerpo, lo entendí más adelante, con trabajo y decisión en mi proceso de terapia. Supe que no tenía por qué vivirme con culpa o sufrimiento y que no solo existían esas dos percepciones en mi vida o en la existencia.

Hoy después de varios re-descubrimientos lo he comprendido, pero sé que no todo está resuelto, ya que de repente no permito a las personas que me aman o amo, transitar procesos de dolor. Varios sistemas familiares comprenden el amor al proveer de atenciones físicas o materiales que cubren las necesidades básicas, pero cuando se trata de atender y visibilizar atenciones emocionales se entra a un acertijo difícil de resolver; recuerdo que cuando yo estaba decepcionada, enojada, o triste tenía que solucionarlo en silencio porque por lo regular “eso” no se enseña de manera cotidiana; el punto era aprender a estar bien, sin pensar en el cómo y por qué sentía.

 

Así aprendí a vivirme no acomodada, con esto quiero decir que fui viviendo entre dualidades, al sentir gozo me culpaba, si otro se sentía mal por algo que yo había expresado o hecho me retraía y me hacía sentir tristeza; difícil comprender que vivirme acomodada es cuidarme, gozar con lo vivido, crecer en las experiencias positivas o negativas y enfrentarme a la vida.

Hoy me sigo integrando, puedo compartirles que esto ha sido arduo trabajo, ya que cuando llegan emociones fuertes y angustiantes por dos ausencias de seres tan cercanos (la muerte de mi madre y mi terapeuta) las emociones no saben a dónde dirigir sus pasos. Yo quise pensar que entendía que la muerte es inevitable y que todo estaba bien, que comprendía todo de manera sencilla, pero no, por dentro tenía una descomposición emocional, y eso era normal, pero yo quería decirme que estaba bien. Ahora veo que estaba ausente de mí, incompleta, rota; evitaba el proceso de vivirme en el dolor, bloqueando mis miedos, evitando el enojo, saltándome a la tristeza; y todo porque no me sentía funcional, sí, así lo expresaba.

Pero esa no era la verdad, o mi verdadera yo, porque las situaciones de la vida nos exigen revisarnos y rehacernos, he comprendido que también soy la mujer que no siempre va a estar bien, que no siempre tendrá alegrías o cosas bellas, soy la mujer que ha visto la vida con sus opuestos, así que también me está permitiendo vivirme con dolor y para eso tal cual no necesito saber responder, sino saber identificar qué pasa en mi, dejarme acompañar y poco a poco todo se irá acomodando, como las piezas de un rompecabezas.

Lo comparto con ustedes porque quiero que noten mis esquemas de vida y de historia familiar y que yo, aunque tenga estudios en las áreas que nos han dicho solucionan la vida, esto no es así de fácil o literal, yo también estoy aprendiendo a validar que:

ésta también soy yo, la que no siempre tiene que estar entera, si no que puede ir recogiendo sus pedazos para armar algo grandioso pensando y atendiéndose, para poder ofrecerme a los que amo, lo que yo elijo sin culpa y sin silencios. Así que, si yo voy haciéndolo, creo que este también pueden ser ustedes.

Por: Psict. Aleida Salomé Martínez Quezada

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