El dique del recuerdo

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Cada acción o elección que tomamos es relevante, ésta siempre va acorde a nuestras percepciones del mundo en el que y con quienes crecimos, nos brinda experiencias, aprendizajes y conocimientos que nos ofrecen vínculos (podemos pensar en familia, pareja, o amigos) que definen y dan sentido a nuestra historia de vida, y al ir entrelazando historias con otras personas vamos formando relaciones  y de ellas surgen recuerdos, los cuales podemos definirlos como hechos que quedan en la mente, aquello pasado, que fue hablado, lo que sentimos, eso que fue.

http://vamiha.comLos recuerdos pueden ser placenteros, y cuando es así podemos evocar las sensaciones de nuestro cuerpo, sentir que se hacen reales, que tenemos la capacidad de hacer pausas, volver a recrearlos una y otra vez y poner atención a detalles; piensen que todo es como una película guardada en nuestra mente. ¿Así que si hoy te preguntarás qué recuerdo continúa presente de forma recurrente, y qué estás sintiendo en este instante? ¿Cuál sería? Sé que tendrás infinidad de respuestas, con ello me gustaría que llevaras a cabo una reflexión sobre el proceso de ese recuerdo: Cómo es, qué significado tiene, por qué o para qué lo traigo a mi presente.

En mi caso tengo dos momentos que tienen que ver con mi familia; el primero me divierte y al principio solo lo escuchaba porque no es algo que yo recuerde haya vivido, más bien lo aprendí a recordar a través del recuerdo de otros; se trata de un cumpleaños con mis hermanos, todos cuidándome y atentos a lo que hacía por ser la pequeña, pero al tener la diversión a flor de piel y al ser solo niños no se dieron cuenta que cuando devoraba mi pastel  – ya se perfilaba mi pasión por los postres- un hombre colorido del rostro me asustó acercándose a mí, cuentan que al verlo mi cara fue de sorpresa y espanto, claro, yo no sabía qué era un payaso y menos que iban a las fiestas infantiles, así que mi reacción de una niña de cinco años fue salir disparada en un abrir y cerrar de ojos, tanto que todos salieron detrás de mí para alcanzarme, pero yo ya estaba con mi madre en sus brazos, créanme que no ha existido otra persona con la cual me haya vivido más protegida, al verme ella preguntó ¿qué le paso a la niña?  y cuando le contaron todos, entre ellos mi papá, reían demasiado. Ese relato se convirtió en el recuerdo más bello, porque logra capturar sus risas y el ambiente de felicidad y algarabía, me hace sentirlos como familia y lo vivo, sí, cada vez que lo recuerdo vuelvo a vivirlo, atesorándolo con profundo amor.

http://vamiha.comEl segundo es muy reciente, tiene que ver con amor y dolor (creo que olvidé decirles que también hay recuerdos que no causan placer, pero también de ellos nos vamos formando) al enfrentarme a la enfermedad de mi madre vinieron a mí un cúmulo de momentos resguardados en mi memoria; tengo presente en mi cuerpo cada instante que buscaba acurrucarme en ella, sus manos que me decían tanto, las pláticas en silencio, tan profundas que conectaban nuestros seres. Ambas logramos una conexión profunda, tan profunda que a mí me llevó a trabajar varios años en terapia, no me permitía crecer y tomar decisiones personales porque asumía que la dañaba y tenía culpa, me costaba soltar o soltarla para que ella también viviera su proceso de soltarme. Entendí entonces que amarla también era dejar ir aquello que de su vivir no me correspondía cargar. Al relatar este recuerdo, viene a mi mente una estrofa de una canción de Luciano Pereyra[1]

 

Los recuerdos, no abrazan

los recuerdos, no besan

los recuerdos que tengo de ti

no me sirven de nada si no estás aquí.

Eso es lo que ahora vivo con cada recuerdo que me llevan con ella a casi un mes de su muerte.

El recuerdo que trajiste a la mente al ir leyendo conmigo tal vez te haya provocado placer o quizá un dolor, tú decidirás si quieres traerlo de manera recurrente a tu presente o esconderlo por el tiempo que tú decidas; debes saber que todo lleva un proceso para acomodar lo que sentimos y así cuidarnos. La energía que nosotros invertimos en cada recuerdo nos puede llevar a no soltar, a sentir que no está bien dejar de sentir porque creemos que estamos rompiendo algo, pero pensemos que esa energía somos nosotros y que el hecho de vivir un recuerdo ya sea de amor o dolor debe contribuir a nuestro crecimiento y no a atorarnos en el dique del recuerdo.

Por: Psict. Aleida Salomé Martínez Quezada

[1] En Amaneciendo (1998) de Luciano Pereyra. Canción Los recuerdos no abrazan.
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