Duele o entristece cuando un ser querido decide partir

El 11 de octubre de 2018 fue otro revuelco en mi corazón. Mi abuelo decidía partir. En ese momento me pregunté ¿esto me está doliendo o me está entristeciendo? Después me hice otra pregunta: ¿qué es lo que duele y qué es lo que entristece?

Comencé a tener flashasos y a recordar todo lo que él y mi papá me habían enseñado. Hoy les contaré un poco de lo que mi abuelo me enseñó y lo que él significaba para mi. Era un hombre alto y grande, incluso en su vejez y yo siendo una adulta lo veía inmensamente grande (en toda la extensión de la palabra), con un gran corazón, lleno de alegría y sabiduría y el pasar de los años lo hizo mas sabio, disfrutando las largas platicas y de estar con su gente.

Recuerdo cuando hablaba por teléfono con él y nos preguntaba cuál sería el menú de nuestra visita o en ocasiones el ya tenía el menú y solo nos pedía lo que deseaba, llegar a casa y él recibiéndome con un abrazo enorme y una malteada de helado de fresa (la cosa más dulce que se puedan imaginar). Comer arrachera, tostadas con cubiertos y cómo olvidar que cuando abría la bolsa de pan para comerme uno ya todos estaban picados porque claro, el para no quedarse con las ganas los probaba todos y después me decía escoge el que quieras hija todos están muy buenos. Sentarnos a desayunar era todo un ritual y dentro de eso era agradecer todos los alimentos y a las manos que lo hicieron posible. Siempre estaba lista la alberca para darse un buen chapuzón y el en el jardín tomándose un michelada preparada por mi hermano o mi papá. Como olvidar que él probaba todo lo que uno estuviera comiendo y el botanear con nosotros. Y por supuesto podía faltar todo en casa pero siempre había postre. Siempre estuvo ahí para mi y creo que para muchos también, era el mejor espectador y fan. Siempre aplaudió mis logros y mis tropiezos.

Dentro del concepto de hombre y masculinidad el me mostró lo que es ser un hombre amoroso, con el corazón inmenso, tan inmenso que amó a otros sin ser su familia de sangre, apoyó a todo aquel que se acercaba a pedir auxilio. Un hombre que desde que lo conocí siempre estuvo para su pareja y sus seres amados. Aquel hombre que se definió como hombre al lavar los trastes, al durar horas en el baño con su arreglo personal, y que todo mundo esperara su salida, siempre busco atender y consentir a sus nietos una y otra vez. El me enseño que la vida se trata de ser feliz, que a eso venimos, que la autenticidad es el mayor don y atributo que una persona puede tener, no importa si hay gente que no esté de acuerdo; aquel que te ama, te ama con el paquete completo y siempre estará a tu lado sin juzgarte, que el dueño del camino llamado vida es de uno y lo mejor que puedes hacer es seguir tu corazón y hasta el final de sus días en este plano me enseñó algo que es así; «la partida de un ser querido no tiene porque doler, si duele es que no disfrutaste de su caminar a tu lado que no hiciste o dijiste todo lo que estaba dentro de tus posibilidades para mostrarle todo el amor y vivirte a plenitud a su lado y porque lo considerabas tuyo en lugar de considerarlo parte de tu andar».

Por esas razones esas partidas duelen, porque dejaste de ser tú con el. Las partidas entristecen porque sabemos que esa persona ya no estará físicamente a nuestro lado, que ya no celebraremos de la misma manera nuestros logros. Es momento de vivir esa tristeza porque es parte de nosotros y ellos seguirán ahí para nosotros y siempre serán parte de nuestro andar.

Hoy desde el amor y con amor me despido de ti Rorro, festejo tu llegada a lado de mi papo y sobretodo festejo tu vida. Me prometo y te prometo seguir siendo yo y que nada me hará esconder mi autenticidad, nunca dejar de brillar, seguir amando con locura y dando amor

Hoy brillas más fuerte que nunca, tu luz me ilumina siempre.

Hasta que la vida decida reencontrarnos

Te amo.

¡Nunca dejes de brillar!

https://www.youtube.com/watch?v=-cYs6_MyGtY

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