¿Dónde están nuestros adolescentes?

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Muchos padres se hacen esta pregunta casi todos los fines de semana, y es probable que se lo sigan preguntando ante el continuo mutismo o las respuestas con monosílabos de sus vástagos.

No es ésta una pregunta retórica. Es posible que se la pregunten muchos padres casi todos los fines de semana. Pero, incluso si se quedan en casa sus hijos adolescentes y no salen a hacer el botellón, es probable que se lo sigan preguntando ante el continuo mutismo o las respuestas con monosílabos de sus vástagos que salen de la pubertad (entre los 14 y los 15 años) y entran en la adolescencia. ¿Qué piensan? ¿Cuáles son sus verdaderos intereses? La incomunicación puede ser absoluta y la preocupación creciente.

¿En qué momento se rompió el puente de confianza? ¿Cuándo surgieron las primeras rebeldías a las que no se pusieron freno o fueron cortadas de raíz con autoritarismo heredado?

https://vamiha.comCuando padre y madre trabajan y pasan muchas horas fuera de casa y muchos hogares son monoparentales, cuando el hogar está lleno de aparatos adictivos como el teléfono, la televisión, el ordenador y sus posibilidades de navegar por la red o de conectarse horas y horas al Messenger y de comunicar con amigos o desconocidos por twitter o facebook…, no es extraño que la auténtica comunicación haya sido cortada incluso antes de la pubertad (entre los 11 y los 15 años). Si además se añaden los móviles, los iPods, los Mp3 y Mp4, las nintendo, las consolas y toda la generación de artilugios absorbentes ¿cuánto tiempo e interés queda para la comunicación intergeneracional?

No son culpables la técnica ni el progreso, sino su utilización. Son aparatos de cuyas posibilidades los padres suelen ignorarlo casi todo, así como de sus inconvenientes. Y eso porque no hay “sustancias” de por medio, pero empiezan a ser obvios los riesgos para la vista, la audición, el desarrollo emocional y de la capacidad de distinguir la ficción de la realidad y de vivir en la ésta y no en un mundo de fantasía ni en un mundo de relaciones virtuales.

Si hablamos sólo de padres y adolescentes varones, ¿qué modelo masculino puede transmitir un padre a su hijo, en una época en la que no valen los viejos arquetipos del proveedor que trae en exclusiva el dinero a casa, ni del patriarca que ordena y manda, ni del héroe que salva damas en peligro?

Tal vez, el adulto debería formularse la pregunta final: ¿dónde está mi adolescente interior? ¿Cómo viví mi adolescencia? ¿Está integrada o me quedaron cosas por vivir? ¿Puedo acoger a mi propio adolescente sin avergonzarme ni machacarlo?

 Un adolescente (entre los 15 y los 18) puede ser desesperante, pero también puede ser un maestro en su búsqueda de autenticidad y de libertad, pues nos ayuda a poner los límites mirándonos en su espejo sin posibilidad de mentirles ni mentirnos. De ver nuestros posibles sueños traicionados. Una imagen sin trampa ni cartón.

Libro recomendado: “Adolescencia: la revuelta filosófica”, Ani Bustamante, Colección Amae. Editorial Desclée de Broker, Bilbao, 2008

Herramientas:

  1. Pasar más tiempo en actividades compartidas durante la infancia y la pubertad.
  2. Considerar que la adolescencia es una época de crisis de identidad que necesita ser apoyada, orientada, y contenida.
  3. Los conflictos son oportunidades de poner límites y de negociar y no de entrar en una lucha de poder.
  4. Estar siempre claros de que los padres no son colegas de los hijos sino responsables de ellos hasta la mayoría de edad (18 años) o la independencia económica.
  5. En casos extremos, acudir a la ayuda profesional de un terapeuta con experiencia.
  6. Lo más importante: revisar internamente los sentimientos que provoca el adolescente respecto al adolescente que, en mayor o menor medida, todo el mundo lleva dentro.

ALTAO (Alfonso Colodrón Gómez-Roxas).

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