Del trabajo con adolescentes…

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Invito a tod@s a leer, comentar, compartir este articulo acerca de los adolescentes. Ademas es un articulo especialmente dirigido a las personas que trabajan y conviven con población adolescente como: guías, profesores, padres y madres, trabajadores sociales, médicos, terapeutas, psicólogos, etc. que hacen un trabajo de acompañamiento; esto dado a que es precisamente en ese acompañar al adolescente que surge en nosotros el particular interés en ayudarles a cambiar o quitar una conducta que nos parece adversa como el fenómeno del bullying, las drogas, el bajo rendimiento escolar, las relaciones sexuales, la apatía, el aislamiento social, entre otras muchas más.

http://vamiha.comQuiero comenzar por platicarles que algo de mí se ha resistido a escribir estas notas y no se bien porque. Lo que me queda claro es que mi adolescencia fue mayormente una etapa difícil, así la viví yo. Principalmente por estar gorda de una manera observable, no se crean que exagero. Eso hace que la gente y la sociedad en general se dirijan a ti de una manera especial. En definitiva no era tratada igual a personas delgadas, insisto, así yo lo viví. Creo que con los adolescentes sucede lo mismo, se supone por algunos que los adolescentes son caóticos y problemáticos y que los que trabajamos con ellos somos «valientes», tenemos una paciencia especial o estamos locos de alguna manera particular. Así es también como el trato que damos a las chicas y chicos influye en su experiencia y por supuesto la nuestra.

La adolescencia condensa determinaciones del pasado y proyecciones para el futuro, sumergida en un pasional presente. Aquí se cristalizarán parte de los aprendizajes infantiles y se comenzará a determinar nuestro estilo de personalidad que regirá en la vida adulta. Y es justo en esa transición y parte del camino vital, en donde hay una “efervescencia de la vida”, donde todo surge de maneras intensas y polarizadas. Los adolescentes aman intensamente y con esa intensidad odian, persisten y se rinden, definen y confunden, y de manera impresionante comienzan a notar sus habilidades creciendo cada día, su comprensión del mundo y aquello que “les espera” cobra mayor consciencia y compromiso. Es de esta polaridad inevitable que en una parte las vivencias son de gozo, y otras de dolor.

Algún conjunto de vivencias que un adolescente recorre en esta transición son dolorosas. Crecer duele. No digo que dolor sea lo único que existe, lo que afirmo es que ciertamente existe una parte que duele. Y si, cierto que puede no ser para todos así pero creo que cuando encontramos a un chico o chica que manifiesta ciertas conductas adversas, que opera de cierta manera hasta riesgosa, puede ser porque desde el dolor por crecer l@s adolescentes también actúan, deciden, se relacionan, aprenden; es a través del dolor de crecer que surgen también sus entusiasmos por vivir y construir. Es decir que, entre su desarrollo, van encontrando maneras de lidiar con el dolor del crecer, la resignación de los cambios, el cumplimiento de las presiones sociales.

Entrando al tema de “manejar” este tipo de conductas en la adolescencia

Para mi también se requiere cuestionarnos y reconocer como nosotros «los adultos» nos manejamos ante estos temas y tener conciencia acerca del concepto que tenemos de las personas en esta etapa de la vida. Especialmente si trabajamos con población en esta etapa del desarrollo, o tenemos hijos en la adolescencia, considero que es valioso comprender y reflexionar algunos acontecimientos para acompañarlos en la vivencia que tengan de este tiempo, pero mas esencial aún es entendernos a nosotros mismos en el rol de adultos acompañantes ante el fenómeno de la adolescencia y de sus vicisitudes.

Primero, a la mayoría de l@s adolescentes les es exigido definirse, actuar, dar resultados y decidir su futuro. Creo que esto no es poca cosa. Si hay una presión constante en la vida de un adolescente y se llama futuro. Que piensen en su futuro es la demanda general, y yo creo que en una gran medida esto les asusta y desconcierta. Qué temor decidir y equivocarme, o no decidir y decepcionar. Qué incertidumbre de que al paso del tiempo pase algo con mis decisiones y las cambie, y entonces el proyecto que sea que tenga se vaya a la basura y todo haya sido tiempo perdido. Cierto es también que muchos al rededor de los adolescentes les animamos y apoyamos en este aspecto, sin embargo, al pasar del tiempo, los que tendrán que vivir con lo que decidan son ellos. Sus logros y fracasos serán sólo suyos y si el ambiente es además tormentoso, serán ellos quienes vivan los reproches de no haber cumplido una serie de expectativas ajenas y/o propias. La sociedad inserta en ellos una exigencia contundente y es: saber que vas a hacer con tu vida, con tu futuro.

Segundo, la evolución tecnológica y el mundo social se han transformado dramáticamente, por un lado tienen un acceso virtual, que para los que somos adultos, era inimaginable en nuestra adolescencia. Por otro lado y paradójicamente, está tremenda conexión virtual ha llevado a una desoladora desconexión personal. No se miran, si no que checan perfiles del otro. No se hablan frente a frente, se envían mensajes. No se enamoran, se conectan en sitios para ligar. No copian la tarea, la consultan a travésde algún dispositivo. Y entonces me pregunto ¿y cómo queda el tejido social? ¿Que tipo de relaciones son las que se construyen ahora? ¿Todo es maquillado, adaptado, sesgado, casi fingido? ¿Esto de lo “virtual” es un avance o un deterioro social? En fin, son muchas y variadas las consecuencias que no alcanzamos a ver, lo que puedo compartirles por mi experiencia clínica es que impacta, y de una manera muy importante, en la vida emocional de las personas. La vida de redes sociales se vuelve una verdad, una influencia mayor en la conducción y conexión que tienen en y con el mundo “real”.

Y tercero, dejamos a los adolescentes solos. Nos parece que salen con “cosas raras” y que están muy revolucionados, de manera que ya no podemos comprenderlos. Y cómo no podemos, los abandonamos emocionalmente. Esperamos que ellos, con estas independencias y rebeldías, cubran una parte de apoyo emocional y contensión que deberíamos darles los adultos. Si lo creo que es labor de los adultos guiar, dar luz a sus caminos, aconsejar, corregir, ayudar a pensar a las chicas y chicos; y al mismo tiempo, respetar su individualidad. Tendríamos que olvidarnos de recetas para intentar que se porten bien, y dedicar tiempo a conocerlos y entenderlos. A veces percibo que no los queremos entender, los queremos controlar. Fantaseamos con tener una serie de instrucciones para poder manejar los problemas que tienen (qué yo diría más bien que son los problemas que eso nos ocasiona) pero no nos interesamos por comprender cómo se llegó a ese intrincado conductual, qué emociones hay detrás de sus actos. Que si agreden, mienten, roban, desobedecen, no estudian, se drogan, etc, pueda yo saber que hacer, pero no me pidas estar. Así los abandonamos. Y es que estar implica también reconocerme a mi mismo en mi ser adolescente y recordar como fue para mi, ahora adulto, esa etapa de mi desarrollo y desde ahí poner una parte de mi en el acompañamiento que puedo tener con adolescentes cercanos.

Concretamente, el manejo con los adolescentes y sus circunstancias vitales

Ocupan desde mi punto de vista, más que técnicas.

Ademas de conocer estrategias y modelos para trabajar con ellos en cualquier ámbito, se requerirá de conocerlos y entenderlos, en parte a través de nuestra presencia y propia experiencia adolescente.

Finalmente me gustaría decir que reconozco que mucho de lo que percibo y hablo de la adolescencia esta basado en mi única y particular experiencia y es que no me queda de otra, lo que mas tengo para compartir ahora está en mis vivencia personales. Seguramente esto no le ajustara a todos, sin embargo pienso que para personas que acompañan a adolescentes que pasan por esta experiencia con dificultades, pueden encontrar algún mensaje valioso que aporte un elemento mas en su diario trabajo.http://vamiha.com

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