A todos nos llega la factura, pero a nadie le gusta pagarla

Frases como esta hay muchas, “Acciones igual a consecuencias”, “A todos nos llega la hora”, “Quien tiene miedos, tiene desgracias”, etc.

La cuestión con este tipo de  frases es que todos sabemos a qué se refieren pero  muy pocos  las tomamos en cuenta como dosis de conocimiento práctico y cotidiano. Como consecuencia al momento de tener que responder por las acciones recientes o aquellas realizadas hace mucho tiempo, perdemos de vista que fueron esas acciones las que a la postre desencadenaron la situación incómoda que vivimos en el presente y nos molestamos, ofendemos y decimos “no es justo que me pase esto a mí”.

Todas las acciones de nuestra vida, lo queramos o no, tienen un efecto dominó hacia lo positivo o lo negativo, dependiendo de en qué lado de la escala nos encontremos. Es entonces que, en estos tiempos donde las susceptibilidades están a flor de piel y que las consecuencias nos llegan de donde menos las esperamos, dejamos de tener conciencia de los demás nos encerramos en nuestros propios mundos y lo más difícil es darnos cuenta de que toda nuestra vida hemos pensado que estábamos haciendo las cosas “correctamente”.

Pero, ¿correctamente para quién?, porque, si un padre decide ser estricto en la educación de sus hijos y por ejemplo, no deja que sus hijos abran un perfil de facebook antes de los 18 años, el reclamo futuro puede ser que fue represor y  que no permitió a sus hijos, vivir los mejores momentos de su adolescencia, o si no le dejó tener un celular, o si no lo dejó tatuarse. Otro ejemplo pudiera ser el de una profesora que decida que sus estudiantes deban llegar 5 minutos antes a clases porque se cierra la puerta puntualmente y da una explicación lógica de la importancia de la puntualidad, el reclamo para ella puede ser  por parte de un grupo de inconformes que la pueden reportar porque que no les concede 15 minutos de tolerancia a los que” tienen derecho” y la profesora puede ser reprendida por “intolerante”.

Pero es importante revisar la consecuencia a largo plazo de este último caso e imaginemos que a futuro, uno de ellos está calificando para un puesto superior en su empresa, o su negocio va a solicitar un apoyo institucional, o tiene una cita con uno de sus clientes, pero ésta persona aprendió que tiene 15 minutos de tolerancia porque “tiene derecho”. El entrevistador lleva 15 minutos esperándolo y ya decidió darle a otro asociado el ascenso porque llegó 5 minutos antes a su entrevista, exactamente lo que años antes, solicitaba la profesora. Del mismo modo, en el otro caso, el solicitante, perdió la beca porque entregó sus papeles 15 minutos después de la hora de cierre de la convocatoria, algo que aprendió en la escuela porque siempre pedía prórroga para entregar sus trabajos en una fecha posterior a la acordada. La reacción de estas personas seguramente será; -¿Pero porque? Si no llegué tarde, era buena hora, que intolerante, es injusto- y una larga lista de frases que le disculpan y responsabilizan al otro de que todo saliera mal.

Es importante recalcar que todo es una cadena de acciones y consecuencias que nadie está dispuesto a responder. La pregunta al aire sería, ¿Qué pasa si alguien dijera? “híjole, mi profesora tenía razón, hubiera llegado temprano como ella lo exigía” Pasaría que entonces esta persona entendería que ésa oportunidad perdida fue su culpa y sólo su culpa. Pero, ¿es posible que una vez entendiendo esto, se modificará posteriormente su conducta? La respuesta es lamentablemente que no es tan sencillo con simplemente darse cuenta.  Sería lindo que con poder notarlo, se pudiera corregir y encontrar otra oportunidad en la que pudiéramos aplicar ésta nueva forma de pensar.

La población mexicana tenemos un enorme complejo de átomo, y todo lo que sucede en nuestro entorno “nos pasa”, es decir, todas son situaciones externas -que me suceden- sin ninguna explicación.  No sabemos hacernos responsable de nuestras acciones y por lo tanto tampoco sabemos hacer responsable a la otra persona de sus acciones y las atribuimos a nuestra persona, por ejemplo;

-Si mi pareja es infiel, puedo reaccionar pensando que lo hizo porque “ya no siente atracción por mi” (o sea, pobre de mi) “me engañó y por eso se terminó lo nuestro”. O bien, puedo entender que si fue infiel es porque simplemente, quiso hacerlo, independientemente de si yo le gusto o no, si me ama o no y que ante esa decisión que mi pareja tomó, yo decido terminar la relación-

Recordemos que hay personas que toleran una y otra vez infidelidades y deciden quedarse, y las consecuencias aquí para cada uno de los miembros serían diversas, por ejemplo:

  1. La persona infiel. Su relación se terminó como consecuencia de su acción (consecuencia negativa)
  2. La persona “engañada”. Decide que no quiere una relación así y decide retirarse, siendo fiel a su esquema de valores (consecuencia positiva)

http://vamiha.comEsta filosofía aplica también en relaciones personales, familiares, laborales, de amistad y relaciones institucionales o laborales. Sin embargo, ¿qué pasa si todo lo hago teniendo en cuenta ésta premisa y es la otra parte la que comente una acción que me afecta? Lo que pasa es que así como debemos aprender a responder a las consecuencias de nuestros actos, debemos aprender a emitir la conducta en consecuencia por el acto del otro, tener el valor y la ética de decirle a la otra personas, “eso que hiciste me afectó y me siento …….”, suponiendo que sea éste el caso. Si no aprendemos también a dejar que las demás personas se responsabilicen de sus acciones, tendremos en el futuro que responder ante esta acción y probablemente “tolerar” muchos abusos.

Años y años de práctica nos hacen ser personas expertas en el arte de la evasión, el miedo a la crítica del otro, a perder beneficios obtenidos por manipular la culpa del otro o el disfrute de la nuestra (país católico), a demostrar quienes somos y que seamos juzgados por eso, es lo que realmente nos mantiene en éste círculo vicioso y adictivo.  Poder decir, “yo lo hice”, “yo lo dije”, “yo decidí” es un mundo de diferencia entre el “me obligó a hacerlo”, “me convenció de hacerlo”, “me hizo decirlo”.

Hacernos responsables de nuestras acciones nos permite estar más alertas a nuestra conducta con respecto al otro, a ser empático y respetuoso incluso con lo que no estemos de acuerdo, mejorar nuestro ambiente y calidad de vida, así como por consecuencia, afectar de forma positiva nuestra relación para con quienes amamos o con quienes convivimos y tener a las personas correctas a nuestro lado, no tener miedo de sacar personas tóxicas de nuestra vida y quedarnos con un puñado pequeño de amigos y familiares que nos inspiren a ser una versión mejor de nuestra persona, porque esa persona beneficiará a nuestra lastimada sociedad, y es muy probable que no lleguemos a ver los resultados de nuestro ajuste personal en nuestra sociedad a largo plazo, solo a corto y  mediano plazo y en nuestra persona, pero saber que estamos haciendo lo correcto al atender y entender las consecuencias de nuestros actos, contribuirá a que nuestro entorno sea más amigable para los que dejamos. Si pensamos como siempre en “no pasa nada, o que puede pasar”, se hace una bola de nieve que hoy podemos llamar corrupción.

Please follow and like us:
error
  Subscribe  
Notify of